El paciente nos explica que uno de los primeros cambios tras la pérdida de visión fue la alteración en la percepción de profundidad y velocidad, lo que afectaba actividades como conducir y desenvolverse con normalidad en el deporte.
A medida que fue recuperando la visión, volvió a percibir distancias con mayor precisión, identificar la velocidad de los vehículos y retomar la conducción. También pudo regresar al deporte y a su rutina diaria, recuperando su vida con normalidad.